¿Por qué ahora los incendios son tan grandes?


Los dos incendios que se declararon el pasado jueves en Valencia dejan un saldo de un fallecido y 48.500 hectáreas calcinadas. Lo peor es que los expertos advierten de que se dan las condiciones apropiadas para que se repitan los grandes incendios.

Controladas las llamas, llega la hora de los reproches y la búsqueda de responsables. Al margen de cuestiones políticas, la realidad es que la caída de la actividad agrícola y ganadera y la excesiva urbanización de los montes, “unidos a periodos secos derivados del cambio climático, a elevadas temperaturas y fuertes vientos, hacen que no haya quien pare un incendio”, asegura el biólogo Juli Pausas, del Centro de Investigaciones sobre Desertificación del CSIC, en Valencia.

La pérdida de terreno agrícola se traduce en un aumento de la biomasa y la continuidad de las especies vegetales, que facilitan la propagación de las llamas. Pero, “si no hubiese tanta gente con un perfil urbano en los campos, los incendios serían menos habituales”, insiste el investigador, que pone el acento en la gestión urbana para prevenir estos sucesos. “Hay que controlar mucho más dónde se construyen las casas, puesto que potencialmente son puntos de ignición, y cortar el acceso a ciertos caminos para minimizar el riesgo de que salten chispas que puedan prender”.

El grupo de Pausas estudia cómo responden las plantas a las agresiones, como son los incendios, un objetivo que exige “tener una visón amplia en el tiempo”. Este enfoque es el opuesto al de los políticos, “que tienen una visión a corto plazo, y concentran los esfuerzos en detener los incendios ahora, sin mirar a largo plazo. En España no hay planes de gestión del monte a largo plazo y el presupuesto se gasta en cosas inmediatas. No se valora la relación entre lo que se gasta en la prevención de incendios y lo que realmente se previene; no se hacen análisis coste/beneficio”.

Una muestra de esa inmediatez que apunta el biólogo del CSIC es el anuncio del presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra, y del ministro del interior, Jorge Fernández Díez, de que este viernes se aprobarán las ayudas a los afectados por los incendios de Cortes de Pallás y Andilla, debido a que lo primordial es “pagar cuanto antes a los afectados”, según el ministro.

Tecnología contra el fuego

Desde el punto de vista ecológico, el investigador insiste en que “el hecho de que se queme una zona es un problema para el propietario del terreno en ese momento. Lo relevante es la frecuencia con la que se quema una zona”, y aquí es donde hay que mirar a largo plazo. “Esto require tiempo y cambiar la mentalidad de los políticos, los gestores y de la propia población”.

Con todo, Juli Pausas subraya que “siempre ha habido incendios y siempre los habrá. Es imposible pararlos y puede ser hasta contraproducente hacerlo. Hemos de aprender a convivir con ellos, pero sí hay que reducirlos y minimizarlos”.

Para esa labor de prevención, los científicos desarrollan métodos de predicción del riesgo y de detección temprana, como el empleo de sensores móviles. Un equipo de la Universidad Polítécnica de Madrid ha estudiado estos dispositivos para monitorizar el medio ambiente y la información podría ser útil para predecir un incendio. Sin embargo, el profesor y participante de la investigación Miguel Ángel Manso, de la Escuela de Ingenieros en Topografía, Geodesia y Cartografía, matiza que “los resultados que hemos obtenido son positivos, pero tienen limitaciones importantes y todavía no se pueden trasaladar a la práctica”.

La primera limitación es que la información que transmiten es muy lenta y su alcance muy corto, de forma que para cubrir una zona amplia habría que disponer muchos sensores. Además, hay solucionar el problema de las baterias: si se recargan o se desechan.

El ingeniero añade que hay tecnologías que se pueden aplicar a la detección temprana de incendios, como son “los satélites que orbitan alrededor de la Tierra y que envían imágenes cada 6 u 8 horas. Tambén se prueban monitorizaciones con vehículos no tripulados, como helicópteros provistos de cámaras de infrarrojos capaces de desplazarse hasta 10 kiómetros y detectan puntos calientes”.

Sin embargo, los mejores medios son inútiles sin una adecuada tarea de mantenimiento del campo y sin la prudencia de los ciudadanos.

 

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